Evita la parálisis por análisis: 7 pasos para mover ficha

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A veces, demasiadas para mi gusto, el perfeccionismo y la auto exigencia nos juegan una mala pasada.

Medimos y calibramos los riesgos hasta el agotamiento, estudiamos y valoramos las causas y las consecuencias, pensamos y repensamos todo una y mil veces… Vamos en busca de soluciones perfectas, garantías inexistentes y seguridades imposibles, buscando y rebuscando la mejor forma de cambiar las cosas.

Y mientras tanto seguimos sin tomar una decisión, o peor aún, tomándola y no llevándola a la práctica, lo cual nos provoca un sentimiento de frustración que no hace más que empeorar las cosas.

Creamos un círculo vicioso en el que nos entrampamos, y a más tiempo estamos allí, más se engrosan sus limites, y más nos cuesta salir.

Es lo que llamamos la zona de confort, es lo que yo suelo llamar la inconfortable zona de confort, esa parcela que construímos en nuestra vida, delimitada por lo que conocemos, por nuestros hábitos y costumbres, por aquello que nos sirve y también por lo que, aunque muchas veces no nos gusta, lo conservamos porque, como dice el refranero, “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

Y ahí nos quedamos, insatisfechos, infelices, inmóviles, porque tememos a los cambios, tememos equivocarnos y sufrir… Pero si ya estamos sufriendo!!! Esa es la trampa.

Entonces, como necesitamos justificarnos, empezamos a encontrar maravillosas excusas para no hacer nada, y claro, como somos hábiles, las encontramos de lo más diversas y razonables… pero seguimos sufriendo, seguimos anclados en la queja y el dolor, y lo que es peor, malgastando uno de los bienes más preciados y escasos: nuestro tiempo. Mientras nosotros estamos quietecitos, esperando al momento oportuno para actuar, otros ya lo están haciendo, y así perdemos oportunidades increíbles.

Esto que os cuento, lo repetimos en nuestra vida personal y en la profesional, porque solemos utilizar los mismos patrones de conducta tanto en nuestro trabajo como en nuestra casa.

La buena noticia es que aunque sea duro y doloroso el proceso, la sensación de bienestar al salir de ese círculo, hace que merezca la pena.

Coger las riendas y mover ficha para cambiar lo que creemos que no está funcionando es la forma más evidente de libertad, y la fuente de motivación para seguir en marcha en ese camino, que es el que hemos elegido.

¿Y cómo lo hacemos?

Pues yo creo que hay siete pasos imprescindibles que debemos dar, uno a uno, si nos encontramos en esta situación:

  • 1- Determinar cuál es la situación actual: Dónde estás, qué cosas estás haciendo, qué resultados estás teniendo. Qué quieres conservar y qué te gustaría cambiar.
  • 2- Especificar cuál es la situación deseada: Dónde quieres llegar, qué quieres conseguir, qué resultados deseas y hacia dónde quieres dirigir tus cambios.
  • 3- Hacer una lista de opciones: Enumera cuanta alternativa se te ocurra, pregunta, investiga y completa tu lista. Luego empieza a desechar y quédate con las que crees que realmente son válidas y viables.
  • 4- Diseñar objetivos SMART: (o de MARTE, como los llamo yo). El correcto diseño de objetivos es clave para alcanzarlos. En el enlace de este punto te explico cómo hacerlo.
  • 5- Planificación: Estipula de antemano (con la flexibilidad necesaria) los pasos que vas a dar para alcanzar los objetivos que te has propuesto. Qué acciones concretas y específicas vas a llevar a cabo en pos de tus objetivos, Establece plazos, recursos y métricas para ir viendo si sigues en el camino escogido o te estás desviando, eso te ayudará a retomar si es necesario.
  • 6- Comprometerse: Parece obvio, sin embargo mi experiencia me demuestra que suele ser el talón de Aquiles más frecuente para quienes desean cambiar algo realmente importante en su vida o en su organización. Sin compromiso, sin fuerza de voluntad, sin tesón, volvemos a foja cero. Así que mi propuesta es que este compromiso lo hagas público, esto hará que te lo pienses dos veces antes de abandonar tus objetivos. Ponte un reto, o busca a alguien que te lo ponga, eso hará que saques lo mejor de ti.
  • 7- Hacer: Hemos llegado al punto más álgido del tema. es el momento de la verdad. Nada de lo anterior cuenta si no lo levas a la práctica. Es más, sí cuenta, pero en detrimento de lo que vas buscando, porque las intenciones sin acción nos provocan un sentimiento de culpa y frustración tremendamente nocivos. Es aquí donde debemos apelar a toda nuestra fortaleza (o buscar ayuda) para realmente romper el círculo.

Hay quienes recomiendan un método “quirúrgico” a la hora de generar un cambio: Toma una decisión, comprométete y hazlo, sin más, sin dilaciones, sin pensarlo mas, ya lo has pensado antes de decidirte.

Mi opinión es que este método es tremendamente efectivo, pero a veces muy difícil de alcanzar debido a las resistencias que se nos presentan.

La clave, entonces, está en que nuestros objetivos sean sencillos al principio y se vayan complejizando a medida que vamos ganando confianza, y a su vez, vamos midiendo los resultados obtenidos. Utilizar el método Kaizen es, evidentemente un proceso mas lento, aunque posiblemente también sea más profundo.

En todo caso, dependerá de cada uno, de sus habilidades y sus debilidades. Dependerá también de las necesidades y urgencias que podamos tener.

Lo importante es, sin duda, mover las piezas del tablero. sea para comer un peón a para hacer jaque al rey. Sólo así hay partida.

 

 

 

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